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Abderramán III era vasco y pelirrojo; qué cosas…

enero 12, 2012 16 comentarios

¡Qué cosas…!

Con Abderramán III inauguro la sección “¡Qué cosas…!”:  artículos breves de lectura rápida, con anécdotas y curiosidades poco conocidas para los qultos más torpes, como tú y como yo.

Pues sí, como lo oyes. Que no se entere Arzallus, pero Abderamán III era hijo de una concubina vascona y se dedicaba a desperdigar el Rh negativo por el Califato de Córdoba en sus ratos libres.

Sonrosadito, ojos azules y pelirrojo, se teñía el pelo y la barba para no ser el hazmereír de sus súbditos moros. Para colmo de oprobio era regordete y paticorto, un poco como Javier Madrazo con turbante, y muy alejado de la imagen idílica de Julio Anguita. Según este descubrimiento, “El Califa” no sería descendiente directo de Abderramán III, como hasta ahora se creía, sino de Sandokán

Dicen que precisamente por una cuestión de complejos, Abderramán III era un tipo con muy mala baba: mandó descuartizar con unas tenazas a San Pelayo, un chaval cristiano que se negó a acceder a sus apetitos sexuales. (se ve que las orejas se las respetaron)

O sea, que lo de la armoniosa confluencia de culturas y religiones en la España islamizada, un cuento chino para adolescentes mentales con carnet.

A los judíos no les fue del todo mal porque con nosotros estaban aún peor, pero para los cristianos, el Califato significó esclavitud para mujeres y niños y exilio o muerte para los varones.

Claro, que nosotros tampoco fuimos mucho mejores con ellos. El talante lo descubrió José Luis I el Iluminado, experto trepador de guindos, varios siglos más tarde. Y no fue el único. Para muestra, este vídeo de Obama, el Iluminado bis, en los remotos tiempos de la confluencia interplanetaria, hablando sobre la tolerancia en Al-andalus.

Y la imagen posterior del mismo tras la recepción que Abderramán III le dedicó durante su viaje en la máquina del tiempo.

Hoy mismo, en todos los periódicos del mundo, aparecen unos soldados meando en unos cadáveres talibanes, pero vamos, que nos queremos todos mucho y esto se arregla en un periquete brindando con un finito de Córdoba.

En fin, que Abderramán III era un sátrapa, pero no solo con sus enemigos y conquistados: tras la derrota de Simancas ejecutó a trescientos de sus militares de un plumazo. Así se las gastaba el tío.

Y a pesar de todo su poder durante más de cincuenta años, al final de sus días declaró que había anotado con diligencia sus días de felicidad plena y pura y eran exactamente: catorce.

Pero no dijo cuáles.

FIN

P.D. Visit Córdoba y acércate a Medina Azahara, ordenada construir por Abderramán III en honor de su favorita y pagada por los mismos de siempre, que hay cosas que no cambian nunca.

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